Luz

Ella estaba rota.

Pero no rota como cuando se cae un jarrón, con arreglo.

Hay veces, unas pocas, que no puedes arreglar algo roto, por muy manitas que seas.

Una noche, ella cumplía con su deber, vigilando que las pantallas que tenía delante no marcaran cosas que no debían, y apareció él.

Un café. una mirada, miedo.

Él sería el que podría apreciar tanto a alguien roto, ya que se veía de lejos que tampoco estaba donde tenía que estar, él, desubicado, perdido.

A ella le volvieron a brillar los ojos, se despertó aquella luz de esperanza y se encendió la llama que le da color a la vida.

Pero daba mucho miedo, él iba muy rápido y ella aún estaba deslumbrada e intentando adaptarse a ese nuevo mundo de luz y color.

Aún así, lloró, se limpió los ojos, el alma, y dijo que si, que podía.

Demasiado tarde.

Donde antes había luz, calor, compañía... vacío.

Él encontró su camino, solo estaba de paso, se fue.

Ella, cansada por todo el esfuerzo que había hecho, miró a su alrededor, estaba todo roto, y ahora gracias a esa maldita luz lo podía ver perfectamente.

Y ahora, que, ¿apagará ella su luz?

No, ella ahora mismo está sola, si, sumergida reconociendo los pedazos, que hace años componían algo, una vida, feliz.

Ella intenta arreglar algo que sabe que no funciona mientras dice "bueno, al menos que se vea ordenado".

Porque ella no lo sabe, pero no necesita que alguien llegue a encender esa luz, porque ella, es luz.